El policía que lloró

EL POLICIA QUE LLORÓ.

*

Eran las siete y media de la mañana, Miguel ya tenía puesto su uniforme, tomaba su taza de café hirviendo, como a él le gustaba, y se disponía a marcharse a su trabajo como agente de la Policía Nacional en la ciudad de Sevilla.

Escuchó cómo se abría la cerradura de la puerta de su casa y se extrañó. Su padre se iba a trabajar a las cinco de la madrugada y no regresaba hasta las tres del mediodía; su madre aún seguía en la cama, así que se puso en pié y, ladeando la cabeza, miró hacia el pasillo para ver quién abría la puerta.
-Papá, ¿ocurre algo? – preguntó extrañado el joven -.
-No te preocupes hijo, no pasa nada, solo que he dejado el trabajo -respondió el hombre con la cabeza alta y mirándolo a los ojos -.
-Pero…si llevabas en esa carnicería más de 30 años, ¿qué ha pasado?
-Sí, hijo, sí…más de treinta años cortando carne podrida, haciendo todos los días lo mismo aún sin estar de acuerdo con lo que mi jefe me ordenaba, pero lo hacía por ti y por tu madre. Hoy, nada más llegar, me ha vuelto a pedir que lavase la carne con lejía para quitarle el olor a podrido y poder venderla; me he negado y me ha despedido.
El joven se quedó mirando a su padre, se acercó a él y, al tiempo que le daba un abrazo, le dijo:
-Has hecho lo correcto, pronto encontrarás otro empleo, eres un buen trabajador. Me voy a la comisaría, que se me hace tarde.

El padre quedó sumido en sus pensamientos, ya no era tan joven, le resultaría difícil encontrar otro empleo.

Aún no eran las once de la mañana cuando se escuchó de nuevo cómo se abría la cerradura. En esta ocasión fue el padre el que se apresuró a ver quién era.
-Hijo, ¿ocurre algo?, no te esperaba hasta las cuatro…
-No te preocupes, papá, no pasa nada, solo que he dejado el trabajo – respondió el joven con la cabeza alta y mirándolo a los ojos -.
-Pero…si ser agente de policía era el sueño de tu vida, ¿qué ha pasado?
-Sí, papá, mi sueño era ser policía para poder servir y ayudar al ciudadano. Hoy mi jefe me ha vuelto a pedir que vaya a ejecutar un desahucio ordenado por el juez; en esta ocasión de una anciana y su hijo minusválido. Le he dicho que yo no me hice policía para echar a la gente de sus casas y, ante su amenaza de expedientarme, le he entregado mi placa y mi arma, y me he marchado de allí.
El padre se quedó mirando al joven y le dijo:
-Has hecho lo correcto. ¿Te acuerdas de aquella carnicería que siempre quise poner?…pues creo que la pondremos entre los dos… !HAY QUE TERMINAR CON TODO LO PODRIDO DE ESTE PAÍS!

He querido compartirles este artículo de una historia, tal vez no real para los personajes de la misma, pero de una actualidad aplastante en los tiempos que vivimos. Es una de tantas, de esas que son publicadas en Internet. Fue compartida por Manuel Gamero Nieto.

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