Cada instante que te abrace

Noviembre de 2016

ABRAZO2
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Cada instante que te abrace

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Yo sé cosas que no haría,
como tatuarme la piel;
pero sí que moriría
por entrar en tu vergel.

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Juro que, no dudaría…
de la iglesia, en el dintel;
en cambio, prometería
todo el tiempo serte fiel.

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Y sumido en la porfía
de que siempre te amaré,
te pediré que seas mía.

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*

Y por cada día que pase
junto a ti, renaceré
cada instante que te abrace.

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Autor: Ramón Candelaria Infanzón
Todos los derechos reservados

Tus lindísimas razones.

 

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Poema (de amor y algo más)

17 de noviembre de 2016
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Tus lindísimas razones.
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Los poemas no son para explicarlos, son
para leerlos y dejar volar la imaginación.
Claro está que también se puede enfermar de amor.

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Por exceso y por defecto,
y por ser pluscuamperfecto,
me cansé yo de mirarte,
y me olvidé preguntarte
si serías la ideal
para conmigo casarte,
contemplarte y admirarte,
y llegar hasta el final.
*
Eres toda geometría
de lindísimas razones;
me sobran explicaciones
para sentirte muy mía.
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Entre las sombras oscuras
se adivina tu figura
en toda su plenitud.
Siento temblor al pasar,
al observar tu silueta,
pues queriéndola alcanzar,
más y más de mí se aleja.
*
Causa miedo tu belleza
de bien pulidos contornos,
y sorprenden tus adornos,
tu dulzura y tu riqueza.
*
Y se pierden en los montes
de tus árboles frutales
entre mansos manantiales
fundadísimas razones.
*
Allí suspiran los hombres
en intrincados zarzales,
sufriendo todos los males
de enfermedades sin nombre.

*

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Autor:
Ramón Candelaria Infanzón
Todos los derechos reservados

A Simoneta (imaginario de humor)

 

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18 de noviembre de 2016

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A Simoneta

*

Es tu cara, Simoneta,
el poema más hermoso,
y tu pelo esplendoroso
cuando mueves la silueta.
No razono, Simoneta,
cuando paso por tu lado,
y me siento desgraciado,
y hasta pillo una rabieta.
Tu belleza, Simoneta,
me mantiene obnubilado,
y me alejo avergonzado;
mi valentía se agrieta.
Tanta es la admiración
que me causas, Simoneta,
que si tus ojos me miran
creo que pierdo la razón.
No es otra la explicación
de que no me acerque a ti.
Debes comprender, Simona,
que yo solo pienso en ti.
Y que me hago ilusiones
de que serás para mí.

*

*
Ramón Candelaria Infanzón.
Todos los derechos reservados

Sobre las aguas del mar

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29 de noviembre de 2016

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Ya vuelven a sus hogares

los que emigraron antaño;

ya apacienta su rebaño

la esperanza en sus lugares.

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Ya no son ruegos al viento

ni neumáticos ni balsas,

sus medios son otras salsas

con compases de este tiempo.

*

Sobre las aguas del mar

ya no cruzan los balseros;

ahora navegan veleros

que visitan el lugar.

*

Una bandera se agita

en  horizontes lejanos

sostenida por las manos

de quien se alborota y grita

*

por algo que antes fue suyo,

que nunca dejó de ser;

terruño que vio nacer,

crecer su honor y su orgullo.

*

Siguen llegando cubanos

que de su tierra partieron,

y son los que fe tuvieron

de abrazar a sus hermanos.

*

En un nuevo amanecer,

la tierra que dormitaba,

alegre se despertaba

al ver la flor florecer.

*

Y entre el verde de unas ramas,

un aguerrido caimán

descansa en paz para siempre

ante un pueblo que lo aclama.

*

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Autor:

Ramón Candedlaria Infanzón

EL NÚMERO UNO (Agua de mayo)

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03 de junio de 2016

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Él es el número uno,
no hay duda de que lo es;
al derecho o al revés
escribe como ninguno.

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Es un poeta de ensueño,
de destreza inigualable;
su rima es inimitable
cuando versa con empeño.

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Las letras las caza al vuelo
mirando al mar o hacia el cielo:
en ellas muestra el desvelo
que produce su consuelo.

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Las impregna de calor,
les da forma y las moldea,
aquietando la marea
que nace de su interior.

*

A un lugar nuevo llegó
donde antes nunca estuvo;
lo que contempló retuvo
y con todos compartió.

*

Tiempo ha sin escribir
porque ya no le interesa,
y se pierde en la simpleza
de no tener qué decir.

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Todos los derechos reservados

ESPERANDO A MI PRÍNCIPE (Blancanieves)

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(29-06-2015)

ESPERANDO A MI PRÍNCIPE

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Aquí lo estoy aguardando

y espero que al que le guste,

llegue hasta mí con buen fuste

en su caballo, trotando.

Quiero enseñarle mis pieles,

que compruebe que son blancas

y no le asusten mis ancas

ni mis montes ni mis mieles.

Que me muestre sus pinreles

para saber si se baña,

que no huela a cosa extraña

y que agrade lo que hueles.

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Todos los derechos reservados

El traje de Al Capone

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Foto tomada de Internet

 

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Octubre de 2016

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En un ambiente my raro
Al Capone se encontraba
y, en tanto un puro fumaba,
se subía los pantalones.
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– ¿Qué hace esto aquí? – preguntaba,
señalando unos cajones-.
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Y al verle tan enfadado,
ninguno le contestaba.
*
– Pero…, ¿qué pasa, muchachos?
¿Es que no se oye mi voz?
*
Y de entre la muchedumbre,
uno fue y le contestó:
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– Jefe, ¿qué le ocurre hoy?
¿A qué vienen esos gritos?
*
– ¡Cállate chaval, que voy
más tiznao que un pollo frito!
Tanto trasto por el suelo,
tanta mugre y tanta grasa…
me han puesto el traje perdido,
y esto no es para guasa.
¡Toma y limpia mi camisa,
y déjate de monsergas,
que hoy no estoy para risa
ni para bromas ni juergas!

*

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Ramón C. Infanzón

Todos los derechos reservados

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Siento que no pueda dar con el archivo donde escribí el relato de
Thomas Brown. Les pido disculpas por no poder ofrecerles la historia
al completo, de momento. Espero poder encontrarlo y no tener que
escribir todo de nuevo; sería demasiado.
Entretanto, aquí les dejo el pequeño suceso ocurrido a Al Capone
en clave de humor.

Ra.

El caso de Thomas Brown (Relato imaginario)

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(Primera parte)

Era a mitad del verano del año mil novecientos setenta.
Por aquellos días, Nueva York había sufrido el peor
desastre natural que se recordaba en mucho tiempo.
La ciudad se había sumido en un caos que impresionaba.
Farolas y árboles podían verse todavía por el suelo,
y muchas personas habían sufrido serios daños en sus
viviendas. Qué decir de la enorme cifra de muertos y heridos
que era amplísima.

Sin embargo aquel día de julio, el sol asomaba ya impetuoso
entre los racacielos. La mañana se sentía aún algo fría. La
población se disponía a vivir un nuevo día, y el bullicio en las
calles empezaba a sentirse.

Todo transcurría con aparente normalidad esa mañana en la
comisaría del distrito. Todo parecía estar en orden, y nada
alteraba la tranquilidad habitual en las dependencias policiales,
excepto en el comedor, donde a la hora del desayuno, no se
hablaba de otra cosa. Un compañero había sido arrestado,
y trasladado a prisión, donde debería cumplir una dura pena;
había sido condenado a muerte.

– ¡He sido condenado! ¡Me ejecutarán! ¡Me matarán como a un
perro por algo que no hice! No soy culpable Jimmy, ¿te das
cuenta?, no soy culpable de nada. Haz algo, Jim; tienes que
hacer algo. ¡Oh, Dios mío!

Sacaron un vídeo en el que me veo golpeando a esa pobre mujer,
pero yo no estuve allí esa noche; había sido relevado del servicio.
Dijeron que podía tomarme el día libre para poder estar con mis
padres.

El interlocutor de Thomas, era su buen amigo Jimmy …, al
igual que él, policía del cuerpo de la misma comisaría en que
Thomas prestaba sus servicios.

Jimmy observaba a su compañero y no salía de su asombro;
no sabía qué decir. La cosa estaba clara, había tenido ocasión
de ver el vídeo en el juicio. Thomas Brown aparecía en la filmación
agrediendo a aquella joven. Era Tom, no había duda. Aun así,
tenía que hacer algo para que su compañero no se pudriera en
una celda, o lo que sería peor, su posible ejecución.

Era cierto que los padres de Thomas habían venido a visitarle desde
el estado de Pennsylvania, donde tenían su residencia.

Autor: Ramón Candelaria Infanzón
Todos los derechos reservados

*

Esta es una historia que escribí hace algún tiempo; un par de
años probablemente.
Retomo la publicación de este relato que quedó interrumpido
en ocasión anterior con la intención de publicar ahora las
partes siguientes hasta su final. He querido cambiar algo el
tema para que tome otros derroteros; otro final que lo
haga menos predecible. Perdonen la interrupción mencionada.
En los próximos días iré publicando, hasta agotarlas, las partes
siguientes. Un atento saludo.
Ra.

¿Hasta los setenta años?

 

 

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Imagen tomada de Internet

Octubre de 2016

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Hasta los setenta años

que trabaje Urdangarín,

el cual llevó a buen fin

el mejor de los apaños.

— <<<>>> —

No fue más que abrir la boca

mi estimado Gonzalín,

para concretar el fin

que una dimisión provoca.

— <<<>>> —

Ahora, es otro el culpable

de las desgracias sociatas;

así pintan las bravatas

de una lengua que es un sable.

— <<<>>> —

Que nos toman por idiotas,

nunca me ha cabido duda,

pero a mí, “eso me la suda”

por ser cosa de carotas.

— >><< —

Ramón C. Infanzón

Ojos que no quieren ver…

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Septiembre de 2016

— <<>> —

Ojos que no quieren ver…,

no por insistir en eso

se convierte el pan en queso;

ya lo deberías saber.

— <<<>>> —

Te volviste tan tozudo

que viendo pasar un perro,

le descubriste cencerro,

y lo tachas de cornudo.

— <<<>>> —

Es un animal lanudo,

pero tú, por porfiado,

la lana la echas a un lado

y lo imaginas desnudo.

— <<>> —

Ramón C. Infanzón