D I V A G A N D O (redondillas y otras estrofas)

 

Noviembre de 2016

D I V A G A N D O

(redondillas y otras estrofas)

*

*

Aquí, en este lugar

donde habitan los cangrejos,

pienso en un barco a lo lejos

que se aleja por el mar.

*

Ha pasado ante mis ojos

en una fría mañana

mientras el aire penetra

a través de la ventana.

*

He apartado la vista

de mi roto y viejo espejo,

y me golpea una ristra

que colgaba en la pared,

así que, comprenda usted

que no estoy para consejo.

*

Sé que me habla despacio,

y yo escucho atentamente,

pero cruza de repente

un grande y verde batracio.

*

Se desplaza dando un salto,

golpeando las paredes,

algunos trastos y enseres

almacenados en alto.

*

Me apresuro a sujetarlo

para dejarlo conmigo,

y como no lo consigo,

desisto ya en atraparlo.

*

Es su piel resbaladiza

la que hace que se escape,

y me impide que lo atrape

al subirse a una cornisa.

*

En tanto esto pasaba,

ya no estoy ante el espejo

ni recuerdo aquel consejo

que el anciano me contaba.

*

Con paciencia, me repite

lo que antes me explicó;

pero de pronto, calló,

supongo que por desquite.

*

Volví a pensar otra vez

en el barco que pasó,

y de prisa se alejó

para nunca más volver.

*

Quise vivir la experiencia

de un barco surcando el mar

para siempre recordar

la razón de mi existencia.

*

Todo momento vivido

debe servir para ver

y tratar de comprender

que para algo ha ocurrido.

*

Por todo lo sucedido

me he sentido afortunada,

por ser una apasionada

de sucesos tan grandiosos,

que en el momento debido

hacen sentirnos dichosos.

*

*

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Aguademayo

Ramón Candelaria Infanzón

Por si fuera posible…

Por si fuera posible…

(14 de octubre de 2015)

Cisne

.

Si sí fuera posible, me gustaría ser ave.

No ave de paso ni tren que viene y va.

Si no fuera posible ser un ave, me gustaría ser nube.

No nube pasajera.

Ser nube duradera es lo que quiero, y estar ahí parada,

quieta, estacionaria… y ver salir el sol tras las montañas.

Pero, si aun así, no me convierto en nube o ave,

entonces…, que sea mar, arroyo o río,

que quiero ver añil en movimiento,

que lo que busco es plena libertad.

Y si no fuera así, sino estancada,

que me convierta en cisne, oca o pato,

para, surcando el agua de algún lago,

donde no sople el viento que la mueva,

ser yo quien la domine, la surque y la doblegue,

para moverla a plena voluntad.

.

.

Autor: Ramón Candelaria Infanzón

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El paso del tiempo

Poemas de 2013
(11 de octubre)

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De puro verde pintó el árbol en primavera
y, tras un compás de espera, el color desaparece;
en la rama se transforma o, se convierte después,
y, en la tierra, su esplendor, está presente otra vez.

 

 

Por el árbol se pasearon distintos amaneceres,
días, semanas y meses que, a su suerte, abandonaron;
la lluvia vuelve a mojar las hojas sobre el sembrado,
¡pobre árbol desnudado que se sonroja y se mece!

 

 

Al presentarse el otoño, las nubes se arremolinan.
la frondosidad culmina y, su ciclo, se envejece.
Aún no ocurre lo peor, el frío está por llegar; 
se presentan las tormentas hasta el río desbordar.

 

 

Recogidos se mantienen los pastores y el rebaño;
los pájaros en sus nidos y, en su ermita, el ermitaño.

Autor: Ramón C. Infanzón
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Un árbol con cuerpo de mujer (Soneto polimétrico )

Poemas de 2013
(15 de octubre)

arbre-sexy

Un leñador cortaba sin piedad
un árbol de belleza extraordinaria,
sin saber que habitaba una muscaria,
lo que digo, podría ser verdad.

El árbol tenía forma de mujer,
su cuerpo de madera al sol mostraba;
aromas orientales ocultaba,
fragancias que no dejaba oler.

Sus ramas subían hasta el cielo
protegiendo el nido de esa ave,
defendiendo su fortín, en ese enclave

de los depredadores más sagaces.
Jamás se atreverían las rapaces
sus garras en aquel lugar poner.

Autor: Ramón C. Infanzón
Todos los derechos reservados

***

Muscaria o moscareta:
(Del valenciano muixquereta, der. de muixca, mosca).
1. f. Pájaro de unos 14 cm desde la punta del pico hasta la extremidad de la cola, y 27 de envergadura, pico delgado, poco más corto que la cabeza y encorvado en la punta, plumaje negruzco en el lomo, rojizo en la pechuga y blanco junto a la rabadilla, en los costados del cuello y en una mancha de las alas. Es común en España, tiene canto agradable, rara vez está quieto y se alimenta de moscas y otros insectos que caza al vuelo.

Una tarde cualquiera de verano

Relatos de 2015
(20 de julio)

árboles-frutales

*****

Son algo más de las cuatro. Mis ojos se preparan para filmar imágenes irrepetibles en la vida. Nunca dos momentos podrán ser iguales. Siempre habrá algo, por mímimo que sea, que hará que los veamos y los vivamos de forma diferente.

La tarde es perfecta para estar al aire libre. El sol luce en lo alto, creando una atmósfera apacible. El momento es agradable; se siente el frescor del aire, y los árboles me están proporcionando la sombra necesaria para disfrutar del instante. Es un día parcialmente nuboso.

El suelo está cubierto de hojas secas; de uno de los naranjos han caído algunos de sus frutos que se han ido pudriendo; son esos tan amargos y desagradables . A la izquierda, el lugar de las plantas, algunas con flores. Sobre la mesa metálica, una cerveza que me voy tomando a sorbos. Bajo la botella de agua, los papeles donde escribí el relato de uno de nuestros tantos paseos nocturnos: “Son las diez y media de la noche y está lloviendo…”. Eso ocurrió el veinte de Enero de este mismo año 2015. Está escrito esa misma noche.

Sigo sentado, escribiendo y disfrutando del ruido del viento en los árboles y en los cañaverales próximos, muy semejante al que provocan las olas en una playa de piedras. Me rodean objetos diversos: unas cañas secas al frente, dos macetas de hierbabuena sobre una mesa verde a mi izquierda… A la derecha, una pequeña escalera de madera de solo tres peldaños arrimada al tronco de uno de los limoneros.

El sol se desplaza y tengo que mover la silla para seguir bajo la sombra; esta vez, de una platanera. Ahora me encuentro de frente a las verdes cañas, que en poco tiempo han vuelto a crecer. Se han vuelto altas y gruesas en su mayoría. Siempre me he preguntado el porqué de tanta diferencia entre unas – las más robustas – y las otras, exageradamente delgadas y débiles. Desde esta nueva posición puedo ver el viejo y majestuoso peral, cuyas peras no valen para nada; delante de él, un tanto a la izquierda, el fornido limonero, donde reposa la pequeña escalera, mostrando sus elegantes frutos. El alto naranjero a mi derecha, ese que da las dulces y apreciadas naranjas que tanto me gustan. Jamás he probado unas naranjas tan sumamente dulces y agradables; son realmente deliciosas.

El viento racheado vuelve a soplar con fuerza. Es fantástico ver moverse las ramas y las cañas, que se cimbrean una y otra vez. Describir este momento es algo apasionante. Disfrutar esta tarde fresca y cálida a la vez, una maravilla de la naturaleza. Escribir es dar vida a sensaciones y sentimientos. Realizar este relato ha sido como hacer unas fotos y dejar constancia en imágenes escritas.

Autor: Ramón C. Infanzón
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Mariposa (Intento de soneto inglés)

Poemas de 2013
(04 de octubre)

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Mariposa de múltiples colores
que vuelas entre plantas olorosas,
que llevas la fragancia de las flores
a ambos lados de este jardín de rosas.

No dejes que tu vuelo te condene
a perder la elegancia de tus alas;
no ignores que es el viento quien sostiene
tu frágil cuerpo entre las amapolas.

Tu grácil movimiento y elegancia,
tu suavidad, y tu débil figura…
no impedirán que cubras de fragancia
la imaginaria belleza de tu aura.

Maravilla que vuelas temerosa,
robaste la belleza de la rosa.

Autor: Ramón C. Infanzón
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Sin ti (Sonetillo)

Poemas de 2013
(septiembre)

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Esta es la orilla del mar

donde yo de amor me muero,

y donde impaciente espero

a quien bien me sabe amar.

Si mi voz no te llegara

y me traiciona el aliento,

como me temo y presiento

la vida me abandonara.

Voz aledaña del eco

que mi corazón dispara,

sin encontrar ningún hueco…

ni lugar de nuestra playa 

donde se mantenga seco

el cerro de mi atalaya.

Autor: Ramón C. Infanzón
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Amor y soledad (futuro incierto)

Poemas de 2013
(21 de septiembre)

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Sensaciones que se viven al partir,

sentimientos que brotan del alma:

oscuras nubes que harán revivir

el tormento diario que se inicia al alba.

El marinero se aleja en su barca,

el mar en calma, al despuntar el día;

recibiendo el saludo que abarca…

el corazón henchido de alegría.

A su pesar, hacia un destino zarpa,

futuro incierto del lugar que aguarda;

su pensamiento en tierra como charpa,

que le sujeta al muelle todavía.

Su amada, agita el pañuelo temblorosa,

con el temor de que ya, jamás regrese;

con el dolor de ver como amanece,

y no sentirse a su lado cariñosa.

Autor: Ramón C. Infanzón

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Ave blanca en vuelo (Soneto)

Poemas de 2013

(16 de septiembre)

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Intentando componer sonetos.

Este, también es de los primeros.

Un ave blanca volaba en Castilla,
mientras el sol en el cielo brillaba;
y la fiel madre en un bosque anidaba
tres de sus crías, aún sin anilla.

En un rincón, su pareja esperaba
para alejarse de un águila fiera;
y que al no estar, su volar permitiera
ir a juntarse con la que él amaba.

No fue sencillo burlar aquel bicho,
dueño y señor, y terror de los cielos,
que pretendía cazar a capricho…

al joven padre de los tres polluelos;
que con la madre, no lo había dicho,
revolotean junto a los riachuelos.

Autor: Ramon C. Infanzón

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El día y la noche

Poemas de 2013
(06 de junio)

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Este es un poema de versos octosílabos, en su mayoría,
donde los caballos blancos representan el amanecer.

Caballos blancos cabalgan

a la luz de un nuevo día;

la oscuridad de la noche

se aleja, casi vencida.

Ya se ven los resplandores

que reflejan las encinas.

La sombras desaparecen

dejando paso a la vida:

cálida aurora, que nace

trayéndonos la alegría.

Ya se ven los resplandores

y vuelan las golondrinas.

En la mar son las gaviotas

las que traen la algarabía

a puertos de pescadores,

donde hallan su comida.

Aún se ven los resplandores

y vuelan las golondrinas;

pero se acerca la noche

para reemplazar al día.

La tarde se va extinguiendo,

el sol se quiere acostar,

bajando hasta el horizonte

muy pronto se ocultará.

Ya no se ven resplandores,

golondrinas, ya no vuelan;

los cipreses junto al río,

en las aguas se reflejan.

Caballos blancos se alejan

y llega la oscuridad;

la noche tiende su manto

sobre toda la ciudad.

Sobre el mar y la montaña

jinetes de negro van,

sobre caballos de sombras

ya se les ve cabalgar.

La noche tiende su manto

y se duerme la ciudad.

La luna, odia las sombras

y nos vuelve a iluminar.

El sol, despierta del sueño

y ya luce sobre el mar.

La noche se va vencida

por el día, una vez más.

Autor: Ramón C. Infanzón
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