Jesús de Nazaret, pasión y muerte.

Poemas de 2013

(08 de septiembre)

Jesús

La suerte a Jesús le abandonó

al ponerse de parte del malvado,

que lo entregó, sin pena ni cuidado;

avariciando dinero, lo vendió.

Aceptó de buen grado su destino

e inició con agrado su camino;

no se desarboló en ningún momento

aún a sabiendas de un final tan cruento.

El final que le esperaba, lo intuía,

no le importaba saber que moriría,

y que su cuerpo en cruz acabaría.

Él, no lo sospechaba, lo sabía.

Nos dio su luz, como Él solo lo hacía,

mostrándonos su condición humana;

su rostro, sol ardiente en la mañana,

herido de dolor, mientras moría.

Junto a Él, el cariño de su alma,

la madre, que lo fue todo en su vida;

el hombre que su amistad le daba,

la mujer que su cariño le ofrecía.

Él murió atravesado por la lanza,

empero resucitó al tercer día,

sabiendo que su muerte no fue vana.

Con su martirio, a todos redimía.

Hondo pesar en mi alma es el que siento,

debió decir Jesús crucificado,

como vil delincuente condenado,

atado, azotado, clavado y muerto.

Autor: Ramón C. Infanzón

Todos los derechos resdervados

Pensando en ti

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Al leer un poema de la poetisa de un foro poético
en el que ambos escribíamos, llamada Consuelo
Soto, me decidí a componer este. Ella, probable-
mente siga allí. Yo no guardo muy buenos recuerdos
de ese lugar y he decidido no volver a él.

El poema de consuelo se titulaba “En las noches”.
Me hubiera gustado mostrárselo aquí hoy, pues es
un poema muy bello, aunque muy triste, escrito a su
madre que se encontraba ingresada en un hospital
del que no saldría.

Consuelo esperaba la llamada que le avisara del
agravamiento de su madre para desplazarse hasta
donde se encontraba: una gran distancia por carretera
las separaba. La llamada llegó, comunicándole el
desenlace.

Tal como le dije a Consuelo en su día, les digo: me
inspiré en su poema para escribir este.
Ambos están contados sin que haya más coincidencia
que en lo que se quiere expresar.

Pensando en ti
(Año 2013)

.

Me paso el tiempo pensando,
y en ti solamente pienso;
para no pensar en ti
tendré que echar los recuerdos
de la habitación que hoy
albergan los sentimientos.
En la noche me visitas
y me alegra tu presencia;
pero una vez que te has ido
vuelvo a sufrir por tu ausencia.
Hoy lucho por alejarme
del dolor que llevo dentro;
pero los días no dan
respiro a mi sufrimiento.
A las doce de la noche,
se hace tan grande la pena,
que ya no encuentro consuelo
para olvidarme de ella.
Me esfuerzo por desterrar
los temores y recuerdos,
pero la pena no cesa
y vuelve a atacar de nuevo.
La espera se hace muy larga
y el tiempo se vuelve eterno;
mientras la espera me mata
también me mata el silencio.
En aquel frío lugar
donde vivir es tormento,
la esperanza se hace fuego
de tanto que quema dentro.
Dicen que la fe se pierde
en el último momento,
pero yo ya presentía
como sería el suceso.
Me lo decía tu voz
desde dentro de mi pecho:
¡Mi madre, mi amor, mi todo;
lloro, porque no te tengo!

Autor: Ramón Candelaria Infanzón
Todos los derechos reservados

En ese momento, mi mamá murió

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En ese momento, mi mamá murió
(Año 2013)

Murió mi mamá, ¡Cayó mi reloj!
Su golpe en el suelo me despertó.
Yo estaba dormido. Era en un sillón
de usada madera en la habitación
de aquel hospital, donde agonizaba
mi madre querida, ¡mi madre del alma!
a quien tanto amaba.

Cuando desperté de la somnolencia,
rompí la pereza y miré a su cara.
Y vi que mi vida, con ella escapaba.
Sus ojos cerrados y ya sin aliento…
Se apagó la luz que me iluminaba;
y toda mi alma estaba en la cama
de aquel hospital, donde el sufrimiento,
de tanto insistir, era un desespero.

Ya todo acabó en este sendero,
terminó el dolor, pero no el tormento.
Pronto llegarán las olas calmadas,
para apaciguar la furia callada.

Se alivia mi peso y llega el consuelo,
mirando al reloj, suspiro un te quiero.
Y me reconforto cuando veo en el cielo
brillar una luz en su espacio inmenso.

Cayó mi reloj, ¡murió mi mamá!

Autor: Ramón C. Infanzón
Todos los derechos reservados

Este poema lo escribí veintitrés años después

de haber muerto mi madre. Lo escribí cuando empezó

a interesarme la poesía. En esa época (2013), los poemas

métricos de la poesía clásica me eran desconocidos.

Mi madre había enfermado gravemente y la llama de su

vida se extinguía en la habitación de un hostipal. Aquella

noche me tocó pasarla en su compañía. En cierto momento

de la noche me sentía vencido por el sueño y el cansanacio.

Disponía de un sillón y una mesa. Me senté y cruzando los

brazos apoyé mi cara sobre ellos, quedándome dormido

profundamente. A la una y media o dos de la noche – no

recuerdo bien – me desperté sobresaltado por algún motivo

que no sé explicar. La cadena metálica del reloj se había

soltado de su engarce y el reloj cayó al suelo. Yo, en lugar de

recogerlo, miré inmediatamente hacia la cama y comprobé

que mi madre había dejado de respirar. Mi madre había muerto

y así se lo comuniqué al enfermero de guardia esa noche. Él,

vino a comprobarlo y asintió.

Gracias por visitarme.

Ramón Candelaria Infanzón